lunes, marzo 02, 2009

Cuidado con lo que deseas

A los dieciseis años era una pubertilla solitaria y corajuda, ya saben: "ay el universo conspira para hacerme miserable". Tenía sólo dos amigos en el mundo: mi primo Rafa (simón soy yo en el header de su blog les presumo) y el Pollito. Tenía un diario secreto, que no era secreto en lo absoluto, puesto que así lo enterrara bajo la casa el Ewok (LÉASE: molesta hermana menor) siempre terminaba encontrándolo. Y también tenía un novio que amaba locamente, encabronadamente, irracionalmente y todos los mentes que sólo se logran a los dieciseis. Sí, ese novio por supuesto era el Muppet.

A los diecinueve terminamos definitivamente. Desde entonces no hemos vuelto a "ser novios" pero nunca hemos dejado de "vernos". De eso ya he hablado mucho. De lo que casi nunca hablo es de cuanto sufrí por ese hombre. Lloré y lloré todas las noches durante meses rogando que volviera. Lo extrañaba tanto que pensar en él me ocasionaba un dolor físico insoportable. Mi mamá por ese entonces andaba de feliz recién casada y mis hermanas enfrascadas en sus propias batallas contra la adolescencia y su consecuente infierno. El Pollito nada podía hacer por mí puesto que su condición era más deplorable que la mía (su susodicho un día agarró maletas y se fue del país así sin más ni más; no volvimos a saber de él y el porque de tan repentina decisión quedó para siempre como un misterio). Y Rafa, ja, Rafa era mi mejor amigo pero también el mejor amigo del Muppet...

Me sentía terriblemente sola y miserable, creo que esa fue la única vez que llegué a considerar el suicidio como una posibilidad real. A veces cuando me lo topaba en la calle y me saludaba de lejos para seguir caminando a mí me daban ganas de lanzármele a un camión en ese instante. Fueron días horribles, meses horribles, únicamente comparables a los que le siguieron al divorcio de mis padres.

Recuerdo que al principio pedía que recapacitara (no sé exactamente a quién se lo pedía porque mi fe en Dios por esos días andaba extraviadísima), que se diera cuenta de que me amaba y volviera y fueramos felices y esas cosas que bien sabía que no iban a ocurrir. Después comencé a pedir por olvidarlo, dejarlo de querer, desaparecerlo. Pero en el fondo también sabía que eso no iba a ocurrir. Entonces quise venganza. Pedía con todas mis fuerzas que regresara arrepentido suplicando perdón, un perdón que claro yo le negaría. Fantaseaba con el día en que al fin pudiera despreciarlo y aferrada a esa idea las heridas comenzaron a sanar hasta que vengarme me parecio una tontería. Al contrario, me nació por él un cariño muy limpio, enjuagado por tanta lágrima.

Este sábado hablamos mucho, me dijo hartas cosas que hubiera dado todo por escuchar hace unos años. Se lo dije. Me contestó que la puntualidad nunca había sido una de sus muchas virtudes y nos reímos. Mientras lo escuchaba me recordé acostada llorando contra mi almohada repitiendo una y otra vez por favor por favor por favor y quise ser rencorosa y decirle que no lo perdonaba porque me había hecho mucho daño pero no pude porque es mentira. Él no me hizo daño, me hizo fuerte. Y me hizo sola. Por eso todo lo que me dijo el sábado, que en otro tiempo me hubiera hecho brincar de gusto y besarlo telenovelescamente, sólo me sacó una sonrisita y un suave beso de despedida en la mejilla.

9 de otras voces:

TOMADOR ASIDUO dijo...

mmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm..............................................................................................................

Anónimo dijo...

Ay Tania ya acéptalo, aun amas a ese hombre y te la pasas de coqueta por la vida porque no quieres aceptarlo.

Lo único malo es que no deja de ser un provincianito don nadie a quien sólo la señora de la tiendita medio conoce y a tí por lo visto ya te gustan las estrellitas.

¿Qué elegirá Madame Bovary?

ésa que no soy yo dijo...

¿estrellitas? ¿Madame Bovary? Tssss, a huevo, tú sí me conoces anónimo, sabes todo de mí y del Muppet. Qué susto.

No sé por qué me suena medio achilangado tu comentario. No importa, lo seas o no, probablemente ni en tus mejores sueños llegarás a ser la mitad de amado y exitoso de lo que es el Muppet. Y nunca he negado que lo amo. Es más reitero: lo amo, es un poquitín más complicado que eso.

Y ando de coqueta por la vida porque me divierte. Ten fe, tal vez un día te haga caso.

Sv Alteza dijo...

acepta tu destino perra, yo ya estoy pensando seriamente aceptar el mío.


jojojojo

















es neta

Sv Alteza dijo...

ya ven pendeja, te extrañamos mil.

Anónimo dijo...

Noooo no aceptes tu destino. Yo te amo. En serio. Te amo.

El mismo del otro día.

RoS dijo...

ay.

bonita texta la tuya.

eso de "enjuagado por tanta lágrima" suena guaposo.

_________________________


playitaw!!!

Mar dijo...

¿Miguel?

Linda, me encanta cómo escribes.

Yo siempre creí que una mujer que le llorara a un hombre -aunque él no lo supiera- era débil y no sentía respeto por sí mismo.
Luego uno se traga sus palabras -y también las lágrimas, de paso-.

Me sentí muy identificada con tu escrito. A veces duele tanto. Y has plasmado esa sensación muy bien.

Yo también comparé ese gran dolor -el de perder al único hombre al que he querido de verdad- con el divorcio de mis papás.

Vaya. Me identifiqué.

Ahora, déjame seguir leyendo.

Mar dijo...

ASh, qué nena.
"Aprobación de comentarios".
¡Ptrrrrrr!